Tantas gracias como caben en un viejo corazón.

A Patty de frutos agradecerla por tener la sonrisa en los ojos. A Sheila Blanco por prestar su voz y dejarnos subir con ella hasta donde se crean los sueños. Quiero agradecer a Francisco Sevilla porque es el único cuerdo que conozco, a Bolo García por soñar entre siestas, a Rebeca Barrón por luchar en las tierras indómitas, a Teresa Maciá por usar una bicicleta de hace un siglo, a Olaia Pazos por conocer abejas que ríen cuando el polen les hace cosquillas, a Paola Herrera Por esculpir pasillos de sensualidad, a Hilario Martínez por olvidar el micro y llenarnos de poesía los cerebros, a Laura Gomez Recas por escalar hasta el último peldaño y decirnos donde está, a Adriana Bañares por imaginar naranjas con peluca rosa, a Vicente Drü por ser el chulazo que rompió el molde de mi esquema poético, a Pablo Cortina por llegar tarde en el momento justo, a Marisol Torres por despertarnos a todos antes que al dinosaurio, a Sonia Barba por ser el ángulo ciego del amor (ese donde todo se cuela), a Ramón del Pomar y Aruna Nisad por despachar besos más allá de la media noche, a Paz Hernández por ponerle rostro a la belleza de uno que soñó con ella, a Arantxa Otero por no tenerle miedo a los colores, a David Avila por conocer el paradero exacto del único bar de Plutón, a Jesus Malia por sostener la caída de un verso descontrolado, a Patricia Monge por arder conmigo en la hoguera, al señor Batania por soplar las ascuas que todos llevamos bajo el culo, a Alfonso Pindado por escribir con los intermitentes desconectados, a Luis Ricardo Suarez, por omitir la palabra Verga y ser más pijo, a Sebastián Fiorilli porque no quedaban Hostias decentes y él las reinventó, a Luna Miguel por dejar que su azul vuele por debajo de la piel, a Cristina Rojo porque siempre sonrío su recuerdo, a Gonzalo Escarpa porque tuvo el valor de hacer lo que quería, a Lidia Fernández por tener un corazón planetario sin interruptor, a David Murillo por enseñarnos que cable debemos cortar, a Toño Benavides por disparar versos a los recitadores, a Kiely Sweatt por disfrazar la luz de seda con su piel, a Rosa Silverio por vivir en cada linea que escribe, a Gracia Iglesias por enseñarme que las sombras y los pájaros se aparean bajo el sol, a Eva R. Picazo por poner el primer escalón del incendio de tus piernas, a Charles Olsen por prestar palabras y emociones, a Dica F. Alexadru por tener raíces en la boca, a Ángeles Fernangómez por ser la hembra alfa de la manada, a Ester Bellver por desnudar el orgullo a tanto mamífero, a Carlos Salem por elegir el negro y dejar blanco a tanto gris, y a Barbara Allende por pintar tortugas de colores en la cabecera de mi cama.